Mentorado Pedagógico

Una propuesta para generar espacios de comunicación

La esencia del mentorado es poner en contacto una persona que pueda acompañar y guiar a otra por su experiencia y conocimientos demostrados. Así como en la Odisea de Homero Ulises le confió a Méntor su hijo Telémaco para educarlo durante su ausencia.

Existen diferentes tipos de mentorados en la Universidad de Granada como el ‘Buddy Programme’ del Vicerrectorado de Internacionalización, el Programa de Mentorado para Doctorandos de la Escuela Internacional de Posgrado o el Programa Mentor de la Delegación de Estudiantes de la Facultad de Ciencias. Así como escuelas mentoras que acompañan a otras escuelas y profesores mentores que acompañan a los profesores principiantes. 

El Mentorado Pedagógico se lleva a cabo en la formación inicial del profesorado en el grado en Educación Primaria en el Centro de Magisterio La Inmaculada. Fue implementado como experiencia piloto en 2016 y en el transcurso de los años se ha ido consolidando. En él los estudiantes-mentores acompañan a los estudiantes-nóveles en su proceso de aprendizaje y de integración.

Podemos distinguir dos momentos en la toma de contacto. Primero los estudiantes-mentores se presentan a la clase y comentan su experiencia de aprendizaje a los estudiantes-nóveles y segundo los estudiantes-nóveles que quieran se ponen en contacto con ellos. Esta experiencia es posible por la corriente de solidaridad generada entre estudiantes de diferentes cursos. Los estudiantes-mentores asumen el reto serlo porque ellos también fueron, en su momento, estudiantes-nóveles y experimentaron el bien que supuso estar en relación con los mentores.

«La verdad es que surge amistad en esto. Si os veis agobiados no dudéis en decírnoslo porque yo me he visto en esa situación. Ahora esto os sonará a chino. No os perdáis ni una clase, se pierde el hilo.»

Noelia Sánchez, estudiante mentora del CMLI.

Se trata de construir puentes entre iguales sobre todo en dos ámbitos: en la comunicación y en las situaciones vitales. Con el Mentorado Pedagógico se potencian varios objetivos, enumeramos sólo algunos:

  • Animar, generar confianza, compartir experiencias, acompañar a los recién incorporados y todo ello en un clima entre iguales.
  • Favorecer el encuentro entre estudiantes de muy diversos lugares, edades, expectativas e intereses, y así que se puedan incorporar a un aprendizaje más dinámico e inclusivo.
  • Crear situaciones propicias para afrontar necesidades reales y concretas de los estudiantes-nóveles al poder expresarse en un clima informal de confianza entre iguales.
  • Generar espacios en el que los mentores desarrollan competencias comunicativas, lo cual, entre otras cosas, viene a ser una estrategia y habilidad básica para su futuro profesional.
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Esta experiencia es posible por la corriente de solidaridad generada entre estudiantes de diferentes cursos. Los estudiantes-mentores asumen el reto serlo porque ellos también fueron, en su momento, estudiantes-nóveles y experimentaron el bien que supuso estar en relación con los mentores

Espontaneidad sin presión institucional

En todos los casos, los mentores pedagógicos insisten en que es importante facilitar ese ambiente espontáneo que les permite conocerse sin presión institucional, animan a perder el miedo y a superar bloqueos propios de unos estudiantes-nóveles que se enfrentan a contenidos y contextos nuevos y desconocidos. En definitiva, es importante que los estudiantes-nóveles puedan ponerles, de forma cercana, rostros y voz a los mentores porque eso facilita que se puedan acercar con confianza e iniciar diálogos en intereses comunes. Es importante destacar que este Mentorado Pedagógico se inicia desde una relación horizontal, priorizando el trabajo en red, sorteando mecanismos burocráticos y administrativos.

«Aquí estamos para ayudaros, apoyaros. Te caes y te levantas. El año pasado estuvimos en vuestra situación y los mentores pedagógicos vinieron a nuestra clase. Me aclararon y ayudaron muchísimo. Nosotros queremos que tengáis la palabra. Espero que también seáis mentores pedagógicos…os va a ayudar muchísimo porque vuestro fin es ser maestros, primero para practicar y segundo para ayudaros. Entre compañeros se entiende más».

Sandra Compán Montijano, estudiante mentora del CMLI.

Para terminar, podemos afirmar que el Mentorado Pedagógico potencia, en todos los implicados, el carácter humanizador en las relaciones personales, tan importantes y necesarias en el ámbito académico y universitario. Esto tiene un significado determinante sobre todo en tiempos de pandemia. Además, permite generar diseños y desarrollo de entornos de aprendizaje que favorecen la enseñanza competencial de los propios mentores; por lo que propuesta conlleva un gran potencial formativo capaz de movilizar hacia la transferencia de conocimiento de los futuros docentes.

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Isabel Rodríguez Peralta es Pedagoga y traductora de alemán por la Universidad de Granada, orientadora familiar por la Facultad de Teología y profesora titular del Centro de Magisterio La Inmaculada. Miembro del International Proyect Competence (IPC), del Grupo ED. INVEST (Hum356), proyecto de innovación ‘Diseño de recursos microlearning, en diferentes idiomas, para la construcción de ensayos argumentativos cortos, aplicables a cualquier contenido’. Isabel es autora del proyecto docente ‘Flores para aprender’ y escribe en el blog Claves para educar.

La mejor pedagogía

Hace falta volver a lo antiguo sin perder de vista todo lo nuevo

Durante la pandemia, he aprendido la importancia del rostro en mi trabajo. El rostro del alumno, pero también su manera de conversar, la broma, el modo en que se agobia ante la perspectiva de un examen. Ahora uno echa en falta esas cosas que antes daba por seguras, que no valoraba lo suficiente, pero cruciales. Porque el aula es todo lo humano. No solo hace falta invertir en nuevas tecnologías y poner en práctica las metodologías más actuales. Hace falta volver a lo antiguo sin perder de vista todo lo nuevo. Me refiero esos minutos perdidos en el pasillo, saludando, la digresión en el momento de impartir la materia, el chiste que nadie ríe, la votación a mano alzada para acordar el día de una entrega.

Siempre recomiendo ver Ser y tener, el documental donde se filma el último año antes de jubilarse de Georges López, un profesor de la Francia rural, en la región de Auvergne. Es un hombre grave, pero el modo en que habla a sus alumnos rezuma ternura. Se preocupa por ellos y sus alumnos le corresponden.

El amor de Georges López por sus alumnos no es impostado. No se trata de una amabilidad edulcorada. Nada que ver con la cursilería, tan de moda en muchos profesores. Los alumnos se ponen en pie cuando él entra en clase, le hablan de usted, no se atreven a bromear si él está presente, pero lo quieren.

Es un profesor que no calcula su método, cuyo comportamiento no responde a una estrategia, pero al que sus alumnos le profesan un auténtico respeto, al que acuden cuando tienen dificultades y del que esperan siempre una orientación. Uno comprende, tras ver este documental, que el alumno aprende mucho más si es un rostro con un nombre y deja de ser parte de una masa equivalente, que se repite todos los años.

Si algo me ha enseñado esta pandemia es la falta que hace en las aulas todo lo humano

Insisto: si algo me ha enseñado esta pandemia es la falta que hace en las aulas todo lo humano. Hay que corregir las faltas de ortografía, pero también aliviar los daños que provoca la influencia de esta sociedad que asesina la atención continuada y ceba nuestro ego, volviéndonos incapaces del fracaso, por ejemplo. O que también atrofia la vida interior condenando a tanta gente a vivir en la animalidad, sin ser conscientes de lo que espera ser despertado dentro. Quizá el mejor maestro es el que sabe ser discípulo, y por eso lo más importante es que mis alumnos aprendan que yo no sé nada. Si uno vive discipularmente, todo tiene algo que enseñarnos, incluida una pandemia.       


Jesús Montiel López es escritor y profesor del Centro de Magisterio La Inmaculada. Licenciado en Filología Hispánica por la UGR, ha recibido múltiples reconocimientos y premios literarios como el Premio Nacional de Poesía Universidad Complutense por su libro Placer adámico, el Premio de Poesía Leopoldo de Luis por Díptico otoñal, el Premio internacional de Poesía Alegría por Insectario, y es autor de Memoria del pájaro con el que ganó el Premio de poesía Hiperión.

Fotografías de Ideal Granada, fotograma de la película Ser y tener, y Javier Viñayo Blanco.